Los desafíos de FILSA 2017

A pocos días del término de la 37º Feria Internacional del Libro de Santiago es importante tener un balance de opiniones de sus protagonistas. Si bien se pudo constatar la consolidación de un público fiel, presentaciones y firmas de autores y la exhibición de las últimas novedades de las editoriales participantes, algunos aspectos han quedado al debe: limitaciones en el acceso, escasa dimensión cultural, nula curatoría en la selección de stand, pocas actividades profesionales, son algunos de ellos.

Cada año la FILSA se transforma en la fiesta del libro más importante del país; la asistencia del público lo avala. Todos quieren conocer las novedades editoriales de los stand participantes, asistir a las presentaciones de los libros y que los autores firmen algunos de sus ejemplares. Aún así, diversas voces de la industria son categóricas en afirmar que el formato de la feria se ha quedado estancado. En el último tiempo no ha habido invitados internacionales de renombre, ni tampoco se han profesionalizado las jornadas para concretar negocios y presentarle al mundo lo que se está haciendo en Chile. Aquí diez voces de la industria presentan sus impresiones.

Jorge Baradit, escritor

“FILSA tiene la virtud de cualquier feria: de presentar la oferta y convertir en un hito el ejercicio de la compra y experiencia del libro. Creo que mucha gente no compra libros durante todo el año y espera este momento para asistir, encontrarse con toda la oferta y poder conocer a los autores. Lo que echo de menos son los espacios de convivencia. Es bueno para el comercio la idea de la circulación, como un supermercado, pero ¿en qué lugar me puedo instalar a leer, conversar o simplemente revisar lo que compré? No menciono los cafés porque tienen precios prohibitivos. Otro aspecto muy relevante que debería repensarse es la proyección internacional de la feria. La FILSA debería convertirse en una plataforma para escritores nacionales; que exista la posibilidad de recibir y estar en contacto con agentes internacionales, de hacer pitch. Que se construya realmente un núcleo de mercado”.

Melanie Jösch, directora editorial Penguin Random House

“Me alegra que este año FILSA haya comenzado con la asistencia de un público más masivo. Es una alegría ver los pasillos llenos. Siendo la feria el evento literario más importante del país, aún debemos trabajar en varios sentidos: un carácter más internacional, atraer a un público transversal y repensar la forma de hacer las actividades más relevantes. Nuestro ejemplo a seguir debería ser Guadalajara, eso sí nos falta mucho camino por recorrer. Me saco el sombrero por quienes organizan FILSA: un equipo mínimo, sin muchos recursos, siempre en el centro de las discusiones del sector. Sin embargo, hay que reestablecer todo eso. Y sólo se puede hacer si los distintos estamentos relacionados al libro y la lectura se involucran, con el respaldo del Estado y con un sector privado sensibilizado hacia estos temas para que pueda aportar auspicios.”

Sebastián Barros, director Editorial Pehuén

“Yo encuentro que más que una gran fiesta la FILSA es una gran vitrina de venta. No hago juicio valorativo, pero que no se pretenda que es otra cosa. Si fuera una gran feria popular no te cobraría entrada. El público que asiste es más o menos parecido, por lo que es una fiesta para algunos pocos. Creo que también el programa cultural es un poquito reducido que, básicamente, se sostiene en base a las presentaciones de libros. De igual forma, al haber tantas, la dinámica hace que tampoco se pueda compartir un cóctel. Todo pasa más o menos rápido”.

Gonzalo Oyarzún, subdirector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de la Dibam

“La FILSA es una gran oportunidad. A todos nos gusta, todos queremos ir. La comunidad en general espera esta fiesta y ese el sello que debería tener. Me gustaría que hubiera mayor cantidad de estrellas, mayor atracción de escritores que hagan por sí solo ir a la feria, que no se trate únicamente de compra y venta de libros de saldo, sino que de un encuentro de liderazgo cultural. Con respecto a la organización a mí me gustaría que los profesores y bibliotecarios tuvieran un rol principal. Los libros por sí solos no son un material cultural; la lectura llega gracias a la mediación y para ello requerimos mediadores formados, actualizados y con las novedades muy frescas. Siento que siempre ha sido una discusión entre editores y libreros en la que, incluso, poco participan los autores. Otro aspecto a considerar es la Estación Mapocho. Este espacio cumpleo mucho de los requisitos para hacer una feria de este tipo; sin embargo, creo que no tiene mayor capacidad de crecimiento y en los últimos 25 años en mundo editorial chileno ha aumentado considerablemente”.

Jaime Collyer, escritor, traductor y académico

“Este año en particular mis impresiones de FILSA fueron más bien negativas. Quedé con las sensación de un espacio anquilosado, enmohecido, donde había un amontonamiento habitual de los grandes exponentes sin mucho orden ni concierto, todo ello dominado por una estética improvisada a base de telas colgantes y carteles varios, y un programa cultural que hacía más ruido que otra cosa. El país invitado era Italia, pero no hubo autores o editores relevantes que lo corroboraran; no se puede homenajear a la literatura italiana presentando en el programa a “la cantante ítalo-chilena Andrea Tessa”. Asimismo, urge un mejor programa cultural, más atingente a los problemas reales del editor y el autor en nuestros tiempos. Con las mesas de discusión y “conversatorios” que se organizan habitualmente da la impresión de que alguien improvisa o se saca de la manga temas al lote para reunir también al lote de escritores para su figuración (“…estuve en una mesa…”). Quiero decir, temas como «Perspectivas de la narrativa chilena en el nuevo milenio» o«De la literatura gay y sus temas». ¿A quién pueden interesarle de verdad, a estas alturas, temas tan genéricos y vagos como estos, con este grado de generalidad, así de inespecíficos?”.

Paz Corral, jefa proyectos literarios Editorial Zig-Zag

“Una de las grandes virtudes de FILSA es que es una gran fiesta del libro. El libro se mueve como un bien social deseable y eso es algo que no sucede el resto del año. Eso ya es un punto a favor increíble. La gente disfruta yendo a la feria. Este año como nunca he visto actividades llenas y eso es importante y fundamental. Hay dos cosas que yo modificaría: lo primero es la extensión. A la feria le sobran unos cuatro días. Debería ser un poco más corta y así habría menos dispersión. Lo segundo: a FILSA le faltan jornadas profesionales enfocadas en negocios. Otra cosa que echo de menos son autores internacionales de renombre, esto tiene que ver con el tema de los recursos. Bajo este punto de vista debería avanzarse hacia una organización donde todos los actores involucrados tengamos algo que decir y que el programa se construya en conjunto”.  

Malala Ansieta, jefa de ventas de Penguin Random House

“FILSA es indudablemente el hito más importante del libro en donde juntamos a todos los participantes del gremio. Es una fiesta global en la que se nos permite presentar las novedades potentes del último trimestre del año justo antes de navidad, fin de año y las vacaciones. Además de tener un contacto activo con los lectores, nos nutrimos de ellos, de lo que buscan, de lo que está agotado. Lo que hace falta es un gran programa cultural. Nosotros como editorial organizamos muchas presentaciones; sin embargo, el hecho de pagar una entrada y estacionamiento debería abrirte un mayor abanico de actividades. Te comento algo simple: hay que instalar una mayor oferta gastronómica. No podemos quedarnos acotados sólo a las cafeterías que hay en el interior. Otro aspecto que no puedo dejar de mencionar es lo defectuoso que constituye el recinto predial de la Estación Mapocho. Yo creo que es un barrio peligroso en el que la remodelación de las calles y la falta de estacionamientos lo convierten en un entorno poco amigable. Hay que pensar en un recinto, con las condiciones de Mapocho. Porque la solución tampoco es Espacio Riesco o el Parque Araucano”.

Catalina Infante, editora de Catalonia

“Yo creo que el formato que tiene la FILSA hay que renovarlo. Desde que tengo memoria no es tanto lo que ha cambiado la feria en lo que respecta a su formato: una feria más bien comercial que poco desarrolla el aspecto profesional, y las veces que lo ha intentado desarrollar no está el nivel de otras ferias de Latinoamérica. Para fortalecer este aspecto se deberían hacer más jornadas con invitados internacionales y mesas de negocios. Hay que invertir e invitar a más editores, libreros y escritores extranjeros para mover derechos y que se sepa qué se está haciendo en Chile, que la FILSA sea una vitrina con aspiración internacional. Asimismo, siento que el rol del invitado de honor tuvo súper poco protagonismo. En un evento de esta magnitud uno se queda con el sello del país invitado y logras conocerlo e interiorizarte muy bien de su cultura. La feria tuvo poco de italiana”.

Pablo Chiuminatto, académico UC, editor y artista visual

“Destaco que en FILSA se dé a conocer lo que se está publicando en el ámbito local y el hecho que se mantenga como una reunión anual desde hace décadas. Sin embargo, a mi juicio, tiene dos grandes defectos: que no sea concebida como una plataforma para la industria, la internacionalización y la profesionalización del sector, por una parte, y, por otra, que sea administrada como una feria de ventas al detalle y liquidaciones. Cada vez que veo esos pasillos eternos, donde se mezclan grandes y chicos, liquidadoras, librerías y editores de los más diversos contextos locales, no puedo dejar de pensar en el souk de Marrakech o Estambul. Pero claro, esto que propongo, de seguro atenta contra el autofinanciamiento de FILSA, y, como ya sabemos, el concepto de autofinanciamiento «chimuchinesco» es lo que ha destruido una parte importante de la calidad y la programación de las instituciones culturales en Chile”.

Eduardo Sanz, director comercial Grupo Planeta

“FILSA es la feria más importante del libro en Chile, con una trayectoria en donde encontramos una oportunidad única tan grande para poder visibilizar nuestros productos. Desde mi punto de vista creo que deberían haber más iniciativas o asociaciones para atraer mucho más público a la feria. Siempre quedo con la sensación de que las visitas son más bien irregulares, dejando fuera los festivos y los fines de semana. Está bien, en esos días la gente tiene más tiempo. Sin embargo, creo que hay que desarrollar una mayor atracción en ese aspecto. Un simple ejemplo es el día de la mujer, ocasión en que las mujeres entran de forma gratuita al evento. Hay que seguir con este tipo de ideas. Con respecto a las actividades creo que hace un falta un programa más extenso y profesional, en el que se involucre a todos los actores del libro, tanto como editores, libreros, escritores, gremios, etc.”.

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