Camilo Marks, crítico literario, sobre FILSA 2017: “La feria es absoluta y totalmente irrelevante”

El escritor reflexiona acerca del mayor evento literario del país, que se desarrolla en Estación Mapocho hasta el 12 de noviembre.

Por Consuelo Olguín

Camilo Marks fue a la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA), tal como lo hace cada año. No lo hace tanto por su gusto de ir como sí porque su oficio de crítico literario y escritor se lo exige. De hecho, en la versión 37 del mayor evento literario del país, Marks participó en la mesa de homenaje al recientemente fallecido escritor Poli Délano, y el próximo domingo presentará un libro póstumo de Luis Rivano.

Sorprendido por la proliferación de contenidos de autoayuda, de cocina, jardinería y extrañas religiones, Marks se pregunta por el aporte literario de esas obras, en un lugar donde hasta el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) tiene su propio stand. Esas son algunas cosas que no le calzan, así como tampoco que haya que pagar por entrar a la Estación Mapocho a, precisamente, comprar libros y las infinitas actividades extras de las que se jactan sus organizadores, pero que para Marks son pura parafernalia.

Camilo Marks fue a la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA), tal como lo hace cada año. No lo hace tanto por su gusto de ir como sí porque su oficio de crítico literario y escritor se lo exige. De hecho, en la versión 37 del mayor evento literario del país, Marks participó en la mesa de homenaje al recientemente fallecido escritor Poli Délano, y el próximo domingo presentará un libro póstumo de Luis Rivano.

Sorprendido por la proliferación de contenidos de autoayuda, de cocina, jardinería y extrañas religiones, Marks se pregunta por el aporte literario de esas obras, en un lugar donde hasta el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) tiene su propio stand. Esas son algunas cosas que no le calzan, así como tampoco que haya que pagar por entrar a la Estación Mapocho a, precisamente, comprar libros y las infinitas actividades extras de las que se jactan sus organizadores, pero que para Marks son pura parafernalia.

-¿Cuáles son tus apreciaciones de la nueva versión de la feria?

-Mi apreciación de la actual FILSA coincide en gran medida con otras sobre las que me he pronunciado antes, por escrito y verbalmente. Donde vayas y exceptuando ciertos stands, te encuentras con libros de autoayuda, de cocina, de artes marciales, de runas, de cartas astrales, de budismo tántrico y otras religiones orientales, de jardinería, de ayurveda, de reiki… ¡Si ahora hay hasta un local del INE! La literatura, y cuando hablo de literatura no me refiero solo a literatura con mayúsculas, brilla por su ausencia. Nada policial de valor, nada del género de aventuras o fantástico, ni una cosa de la mal llamada literatura de entretención. ¿Balzac, Dickens, Proust, Faulkner, Simone de Beauvoir, Marguerite Yourcenar, Clarice Lispector? ¿Se comen con mayonesa o salsa de tomate? Para qué me voy a referir a la poesía, un género que parece haber desaparecido en la FILSA. Por otra parte, las actividades son tantas y tan heterogéneas -rap, rock, mimos, acróbatas, cantautores de Antilhue -dicho con todo respeto, nada tengo contra ese ex ramal ferroviario-, bailarines, capoeira, etc.-, que uno, inevitablemente, se pregunta qué diablos es todo esto.

-El año pasado la calificaste de “feria de las vanidades”. ¿Cambió en algo tu opinión? ¿Por qué?

-Quizá esa afirmación mía fue un poco apresurada e incluso desacertada. En tantos años que llevo en esto, suelo cometer errores y cuando me doy cuenta de ellos, los asumo y pido excusas. El domingo pasado, fuera de las inmensas colas que había para la firma de libros por parte de Jorge Baradit, no vi que lo mismo pasara con otros autores. Me parece muy bien que Baradit venda muchísimo y se lea muchísimo, bueno, en general celebro que la gente lea, sea lo que sea. No obstante, en otros puestos, con otros autores, penaban las ánimas. Solo mencionaré dos casos: Pablo Simonetti y Hernán Rivera Letelier, quienes, mientras estuve, no tenían a nadie a su alrededor y daba la impresión de que estuviesen en el Sahara. Y esto sí que es muy grave, porque, tenga yo la apreciación que tenga acerca de sus libros, estos novelistas poseen un proyecto literario, un proyecto serio, que era muy respetado y por eso, cada vez que publicaban un título, ocupaba el primer lugar en los ránkings. Ahora es solo Baradit y nada más que Baradit, hasta que le dure, lo que está por verse. Bueno, si Andy Warhol predijo que la fama iba a durar 15 minutos, en estos y otros casos su pronóstico se cumple a cabalidad. Con todo, esto puede ser hasta saludable: es posible que ya no haya un público cautivo como antes, tal vez los lectores quieran variedad o, en una de ésas, las maniobras extraliterarias -radio, televisión, medios virtuales- están primando, y lejos, sobre el real aporte que efectúan escritores y escritoras de valor y, lo repito, presididos por un proyecto artístico.

-Los organizadores de la FILSA han instalado la idea de que es uno de los tres eventos de literatura más importante de América Latina, después de Guadalajara y Buenos Aires. ¿Es así?

-Por supuesto que la FILSA es la tercera en importancia después de Guadalajara y Buenos Aires. ¿Cómo podría ser de otro modo si somos el país más rico de Sudamérica, aunque esto suene a propaganda? Dudo de que siquiera existan estos eventos en El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana, Antigua y Barbuda, Bolivia…

-Existe una visión generalizada dentro del mundo cultural  sobre que la feria no es tan relevante como intenta demostrarlo. ¿Qué opinas tú?

-Estoy totalmente de acuerdo con que la feria es absoluta y totalmente irrelevante. Aparte de las razones que antes indiqué, están los precios exorbitantes de los libros -son inclusive más baratos en librerías-, que debamos pagar entrada, que la oferta sea nula o pobrísima. Pero, ¿quién se acuerda de la feria del año pasado o antepasado? ¿quién va a recordar ésta en particular? ¿quién, dentro del grueso de la población, asiste a este magno acontecimiento, sin perjuicio de que sus organizadores digan que año a año los asistentes aumentan? ¿Y qué? También crece la población, por más que, en la actualidad, a numerosas personas les dé lo mismo que se impriman o no se impriman libros. Y eso del país invitado es una paparruchada, casi una burla. Con excepción de Michela Murgia, una prosista excepcional, de quien supe que venía, si bien nada he comprobado al respecto, el resto de los italianos son, con suerte, conocidos en su casa a la hora del desayuno. Y otro tanto acontece si el país homenajeado es Francia, Rusia, Alemania, Sri Lanka, Burkina Fasso, Eslovenia, Letonia, Chad, Luxemburgo, Vietnam, Finlandia, Albania…

-Hace un par de años, ciertas editoriales empezaron a capturar a Youtubers para que escribieran libros, en relación a lo que hablan en los videos. ¿Aporta a la literatura este tipo de contenido?

-No estoy en condiciones de responder esa pregunta, porque me manejo pésimo en los medios digitales. A pesar de ello, sí he leído algunos productos de YouTube y otras plataformas virtuales y, por decirlo con suavidad, hallo que son de calidad ínfima o, por ser menos exagerado, de calidad muy, muy discutible. Al paso que vamos, WhatsApp publicará la tan esperada tercera parte del Quijote, que el mundo aguarda desde 1616.

-Hay una generación emergente de escritoras chilenas -como Arelis Uribe, Paulina Flores, Constanza Gutiérrez- que escriben con perspectiva de género, vuelcan su feminismo en sus libros ¿Tiene algo de novedoso eso en la literatura chilena?

-Desde luego que sí, es novedoso, provocativo, puede hasta valer la pena. Pero para serte bien franco, literatura feminista hay desde hace dos o tres siglos: Madame de Lafayette, Madame de Sevigné, Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, George Eliot, Elizabeth Gaskell, Edith Wharton, Radclyffe Hall, Colette, Violette Leduc, o, en nuestro idioma, Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero), Emilia Pardo Bazán, Delmira Agustini, Idea Vilariño, o, en nuestro país, María Elena Gertner, Margarita Aguirre, Elisa Serrana y, por supuesto, por supuestísimo, la sublime Gabriela Mistral. ¿Quién o quienes les llegan a los talones? Y por favor nota que estoy hablando de escritoras que han resistido el paso de 200, 100, 150, 50 años.

-Siempre se ha dicho que los chilenos leen poco ¿Coincides con ese diagnóstico?

-No se ha dicho siempre, se dice desde hace poco tiempo, porque hasta 1973, solo en Santiago, teníamos la mayor cantidad de librerías después de Buenos Aires. Había libros para todos los gustos y baratos y por citar un caso, la editorial Quimantú, surgida durante la UP, publicaba tiradas de 300 mil, 500 mil, un millón de ejemplares. Hace años que dicto un taller literario y en un lustro hemos leído unos 300 títulos de la literatura universal, semana a semana, por lo general cuentos, aunque también novela y poesía. Así que no creo que leamos poco y tengo fundamentos para pensar así, porque no solo lo veo en mis talleristas, también lo constato en mis alumnos, en amigos menores que yo, en adultos bien entraditos en años. Creo que, a pesar de ferias que no conducen a nada, de los precios prohibitivos, del IVA y tantos otros factores detrimentales, mucha, muchísima gente está ávida por leer. Solamente se trata de darles la oportunidad.

-¿Aumentaría el número de lectores si es que se le baja el IVA a los libros?

-En realidad no lo sé, pese a que considero que el IVA a los libros es una monstruosidad. Nunca había habido en Chile tantas personas como ahora que viajan a los cuatro puntos cardinales, nunca habíamos tenido el nivel de consumo conspicuo u ostentoso de la actualidad, en suma, jamás habíamos visto personas con tanto dinero. ¿Y qué hacen con él? Pues cambian de auto, vuelan a Miami, las islas Mauricio o Túnez, pero por nada del mundo se les ocurre comprar un libro.

-¿Cuál es el estado actual de la literatura chilena, a tu juicio?

-En general, nublado tendiendo a parcial. Así y todo, hay escritores y escritoras muy buenos que nadie o casi nadie lee: Claudia Apablaza, Alejandra Costamagna, Juan Ignacio Colil, José Gai, Patricio Jara, Andrea Jeftanovic, Lina Meruane, Marcelo Simonetti, Juan Pablo Roncone, Benjamín Labatut, Pablo Torche, Carlos Tromben, Gustavo Frías…Ojo: estoy mencionando únicamente nombres que se dieron a conocer a fines de los 90 o comienzos del año 2000.

-A días de las elecciones presidenciales, se ha criticado la escasez de propuestas de los candidatos en materia de cultura. ¿Qué te dice eso?

-¿Qué me va a decir? Lo primero que salta a la vista es que ninguno o ninguna de las candidatas ha tomado un libro en su vida tras finalizar la enseñanza media. Eso quiere decir que el tema les es completamente indiferente. Por lo demás, este fenómeno, me refiero a la atroz contradicción entre los políticos y la literatura o, en términos generales, la cultura, viene de antes: durante las revueltas estudiantiles, todos los dirigentes querían cambiar la educación, aun cuando a ninguno o ninguna de los pingüinos se le pasó por la cabeza la idea de promover el libro y la lectura. Que yo sepa, aquellos que hoy ocupan sillones parlamentarios tampoco muestran el más mínimo interés en el tema.

-¿Chile tiene una deuda histórica con la cultura? Si es así, ¿cómo se puede enmendar?

-No soy especialista en políticas públicas ni nada parecido…¡Dios me libre! No obstante, estoy seguro de que un cambio radical en el ramo que hoy se llama Lenguaje y antes era Castellano, con buenos programas de lectura, con profesores inteligentes y motivadores, es un primer paso esencial. Y esto tiene que ser desde que los niños entran a kindergarten, a primaria, hasta que dan la horrible PSU, que no sirve para nada. Luego, hay muchos otros pasos a seguir: crear y fomentar el hábito de la lectura, presentar textos atrayentes en todos los géneros -novela, cuento, poesía, crónicas-, formar personas que, a la vez, sean apasionados por leer y acto seguido, por escribir (la lectura y la escritura van juntas, son interdependientes), realizar lecturas teatrales de obras magníficas, por ejemplo, siguiendo en clases dramas de Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Molière, Shakespeare, Sófocles, Tennessee Williams, Sartre, O’Neill, (yo lo he hecho con mis estudiantes y la experiencia ha sido fabulosa, sobre todo si después vemos la película inspirada en tal o cual pieza), en fin, convencer a los jóvenes, sin explicitarlo, de que es ciento por ciento verdadero lo que dijo Montesquieu: No he sufrido nunca una pena que una hora de lectura no me haya quitado. Personalmente, tengo cierta fobia a la tecnología actual, si bien creo que, en lugar de hacer que vivamos pegados a un celular, puede ayudar mucho en el fomento de la literatura y los libros.

Esta entrevista fue hecha por la periodista Consuelo Olguín y publicada en El Dínamo

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